
“Los dj tienen que ser valorados, no idolatrados”
Después de seis años en la escena electrónica local, el estado, los municipios y el empresariado local todavía no “cachan mucho” sobre el asunto, saben que existe, que se mueve por debajo y que cuando quieren atraparla para hacer de ella una máquina de lucro o de votos, hay algo que no cuadra.
Conversamos con uno de sus protagonistas de esta movida, el dr. Mais. Su nombre se debe a una muletilla (mais) que nació en la Radio de la Universidad Libre de Bruselas (universidad ligada a la masonería en Bélgica) donde trabajó por cuatro años, entre un grupo de jóvenes comunicadores de la emisión latina por allá a principios de los 90. Un costarricense la usaba para calmar los ánimos o bien para subirlos y unir temas, y poco a poco se transformó en un decir global. Alfonso Ossandón Antiquera tomó el concepto para reemplazar su original nombre como dj en sus comienzos cuando partió siendo el Doctor Dignidad Rebelde, nombre que usó por admiración al proceso Zapatista y por respeto al mismo, dejó de usarlo. Este actual Doctor Mais es un tipo a decir lo menos inquieto, una máquina de parir ideas, de un carácter fuerte a la hora de exigir procesos transparentes, y la antitesis de lo que se entiende prejuiciosamente como un “yo soy electrónico” , tiene opinión y aquí responde a algunas de mis preguntas.
¿Qué podrías decir de lo poco que se mueve la electrónica a la hora de hacer eventos en La Serena y Coquimbo?
Jaja , mira eso de poco o mucho me huele a análisis de mercado, te puedo decir que se mueve y mucho, lo que no está rindiendo es para quienes esperan hacer de esto la panacea para hacerse ricos en forma oportunista, creen que lo que hace Streetmachine es copiable y no es así, su gestión tiene identidad propia, míralo de otra forma El Colectivo Euphoria con Love Parade Chile como producto cultural es Santiago, y no Berlin donde nació. La gestión muy respetada por cierto de Morrison y su productora (Streetmachine) es una de las vías de desarrollo, que no es mala, si tomas en cuenta que permite poner acceso a figuras de la electrónica mundial en regiones, esto es aplaudible, en la medida que la lista de invitados en puerta sea más amplia. Pero entendámonos bien, estamos hablando de circuitos electrónicos locales, donde pequeños y medianos empresarios quieren entrar al ruedo. Esto pasa por que el empresariado o bien las autoridades estudien un poco el tema o se hagan asesorar bien, el desarrollo de música electrónica es de industria cultural, por lo tanto tiene historia. A tu parecer es poco el movimiento, pues hay un desconocimiento general de los nuevos talentos y creadores de nuestra región y esto no hablo desde una cuestión de falta de reconocimiento solamente en la música electrónica local, pues esos creadores hacen y seguirán haciendo cultura electrónica, más allá que en las discos o en los pubs se toque su música; lo otro es una cuestión de vieja y retrograda idiosincrasia, el de pensar que toda sucede fuera de aquí, o está pasando en Santiago o en Argentina, y por último en el primer mundo, pero es un pensamiento que lo ha impuesto en Chile el centralismo y su maquinaria mediática, que eso sí que es verdaderamente provinciano...pero el paradigma global les mató el punto. Estamos en otros tiempos.
¿Quizás sea un factor de calidad lo que marca la diferencia?
No, Constato que hay buenos elementos jóvenes, gente que de estar rodeada de gestores y emprendedores cultos, y que ha asimilado bien el taller o la universidad en cuanto al hacer empresa. Éstos entenderían que la inversión en un joven poniendo música con Cd piratas mezclando peras, manzanas y tomates y algo de pimienta, ufff es muy pero muy distinto a un dj que respete derechos de autor, o bien tenga redes que lo apoyen en su gestión, que va más de la mano con una ética del oficio, esto independiente que quizás el nivel de técnica en cuanto a dj sea la misma. Claro que hay un factor de calidad diferenciador en lo que hacen, pero pregúntate cuánto gana un dj reggaetonero, o de música 80´, si apenas les alcanza para pagar el cyber y los discos piratas con los cuales trabajan (difísilmente altendran la oportunidad de profesionalizarce y hacer del oficio una filosofía de vida). En cambio la caja del dueño del local suma y suma (Fé de ratas: YO DIJE ; Se persigue al que vende en la calle y...al que lucra con alcohol ambientando con los sonidos piratas que?), sin importarle la calidad de vida de su maestro dj, ni menos del producto que entrega a sus clientes ni la de los artístas, los sueldos que se pagan en la zona son una mezquindad por no decir miserables, ésa es la realidad. La calidad del servicio entregado en cuanto al sonido por ejemplo, es mala, salvo horrozas escepciones, no hay ingeniería aplicada, para que decir del trabajo de autor de los visuales o la diversidad y la innovación. A los djs hay que valorarlos, no idolatrarlos, representan lo neo chamánico que resulta el oficio de trance y carnaval. Para entender eso te invito a leer Queer Noises, Jhon Gill donde escribe: La música dance tal como se entiende en la actualidad-soul, disco, funk, techno y las múltiples mansiones del house- es, creo yo, la única forma de música que, incluso en su forma más degradada, está íntimamente ligada a algo que se parece mucho a la noción de jouissance de Roland Barthes, es decir, éxtasis, felicidad o trascendencia (Gill 1995: 134) Tal como apunta Jhon Gill, en la música electrónica todo se organiza en torno a la búsqueda de determinado tipo de éxtasis: oleadas de indistinto placer físico y emocional, la sensación de estar inmerso en un momento colectivo, en el que los parámetros de la individualidad de cada uno desaparecen en la vibración compartida de cada uno, desaparecen en la vibración compartida de los golpes del bombo.
El concepto de jouissance, derivado de la teoría psicoanalítica, es fundamental para el trabajo postestructuralista tanto de Barthes como de Kristeva. La palabra francesa jouisance, uno de cuyos significados más corrientes es “orgasmo”, designa un tipo de sensación extraordinaria acontecida justo en el momento anterior a que el niño abandona su estado cómo felicidad, un estado que suele asociarse con el acceso al pecho materno. En el momento en que cae de su estado de gracia el niño entra en el orden simbólico del las relaciones sociales, la identidad de género y el lenguaje.
Puesto que se trata fundamentalmente de un momento de separación (de la madre, del mundo experimentado como todo homogéneo, de aquellos con los que el niño deberá relacionarse en adelante como individuo diferenciado), este momento se percibe como una pérdida irrecuperable. El sentido de plenitud, la plenitud de la jouissance pura, nunca podrá recuperarse (Barthes 1975:13-17) Entonces debemos considerar la búsqueda de la jouissance en los raves, junto con la música de 140 a 150 BPM haciendo mover el cuerpo durante horas con las líneas de bajo intensas, un baile sin pareja de forma solitaria, para no tener la presión social de encontrar alguien con quien bailar, los espacios de la escena rave, están construidos con colores neon, brillantes, fantásticos, junto con toda la decoración utilizada para que brille con las luces dejando a la imaginación que todo es un sueño. La música electrónica sin letra tiene como objetivo animarnos a bailar, captar momentos extáticos, hay que leer lo que Simon Reynolds (tal vez el investigador que más ha trabajado la cultura electrónica): …el sonido frenético de ciento cincuenta compases por minuto de las fiestas alternativas, los bares raves de la clase obrera y las emisoras piratas de radio…el baile rave no se contonea desde la cadera, ha abandonado totalmente el modelo de sexualidad genital por una especie de retorcido frenesí polimórfico…asimismo, resulta regresivo…de ahí proviene el infantilismo de grandes éxitos de ravers que saborean piruletas o mascan chicle… .
Toda esta cosa así como suena de compleja es fascinante , es conocimiento y como no quiero pasar por latero, seré directo y al hueso, diría un amigo: Respeto por el oficio , respeto por el estilo, Respeto por las personas...¡Be nice to people !
¡Gracias doctor!
“Dedicado a los hombres que hacen danzar al mundo”.

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